Conozco a Víctor varios años, los que me dedico al mundo del deporte. Siempre supe de su vena de escritor, por encima de la de periodista, incluso de la responsabilidad que ejerce como DIRCOM de la federación de basket y antes en el CSD. Un día me dio por bucear en lo publicado más allá de lo meramente deportivo y le vi siendo premiado en su tierra (lo difícil que es ser reconocido en «casa») y me picó la curiosidad. El libro que elegí solo tenia versión en inglés, en castellano agotado, así que me quedé con él. Y me lancé.
La literatura contemporánea, especialmente aquella que se sitúa en los márgenes entre la narración y la reflexión teórica, se ha interesado cada vez más por las estructuras complejas que configuran la experiencia humana. Dentro de esta tendencia, la obra por mi elegida, A veces fractales (Víctor Charneco), representa un aporte singular, en tanto despliega una propuesta narrativa que trasciende el mero relato para adentrarse en el terreno de la filosofía de los sistemas y la sociología de lo cotidiano. El texto no se limita a contar una historia, sino que se erige como un experimento epistemológico: una demostración literaria de que el ser humano no puede comprenderse aislado, sino únicamente como unidad mínima de un sistema mayor, en el que cada fragmento constituye un reflejo (o fractal) del todo.
Teoría General de Sistemas y literatura
Charneco asume explícitamente la Teoría General de Sistemas (Bertalanffy, 1968) como trasfondo conceptual. La idea de que todo organismo —sea biológico, social o narrativo— es parte de un sistema abierto, interdependiente y dinámico, se traslada a la estructura misma de la obra. Así, A veces fractales nos recuerda que la literatura no solo relata historias: también modeliza realidades complejas. El texto se convierte en un artefacto sistémico, donde personajes, preguntas y situaciones aparentemente dispares revelan su coherencia al ser contemplados como partes de una totalidad superior.
Andrés Voltanera: escritura como espejo fractal
El protagonista, Andrés Voltanera (Volta), es un personaje que encarna la compulsión por escribir. Sin embargo, esta escritura no tiene un carácter meramente expresivo o terapéutico, sino que se concibe como un acto cartográfico: un intento de mapear la relación entre su subjetividad y las vidas ajenas que observa, imagina o inventa. Volta se enfrenta al vértigo de la existencia contemporánea desde la escritura, que deviene instrumento de conocimiento.
Aquí, la obra conecta con la noción de espejo narrativo planteada por Roland Barthes (1973), según la cual el texto refleja y desdobla la subjetividad del autor-personaje, multiplicando sus identidades posibles. Volta no escribe solo sobre otros, sino sobre la imposibilidad de deslindar lo propio de lo ajeno, lo íntimo de lo social. Esta fusión se corresponde con la lógica fractal: cada relato individual contiene, en miniatura, los patrones de la colectividad.
Lo banal como categoría crítica
Uno de los rasgos más llamativos de la obra es su insistencia en detenerse en lo aparentemente banal: qué ropa interior utiliza alguien, cómo se relaciona con la intimidad doméstica, o qué preferencias alimenticias exhibe. Estas preguntas, en apariencia triviales, revelan lo que Erving Goffman (1959) identificó como “rituales de la interacción”: pequeñas prácticas que constituyen el entramado de la vida social.
Charneco convierte esas micro-preguntas en un gesto crítico: demostrar que lo insignificante en apariencia se revela decisivo en la configuración de la identidad y en la pertenencia al sistema social. De este modo, el autor rompe con una jerarquía tradicional que reserva lo literariamente digno a los grandes gestos y temas trascendentes. Aquí, lo cotidiano se eleva a categoría ontológica.
Complejidad, interdependencia y fractalidad
La obra de Charneco dialoga, además, con la teoría de la complejidad de Edgar Morin (1990), en tanto subraya la inseparabilidad de lo singular y lo colectivo, lo micro y lo macro, lo trivial y lo trascendental. Cada ser humano, por limitado que sea en su esfera de acción, constituye un nodo imprescindible de un sistema mayor. El “fractal superior” al que alude el autor no es un ente metafísico, sino la red inabarcable de relaciones sociales, culturales y simbólicas en la que la existencia se despliega.
Desde este enfoque, A veces fractales invita a pensar la condición humana en términos de interdependencia radical. El individuo no desaparece en la totalidad, pero tampoco puede afirmarse al margen de ella. Tal concepción se aproxima a la idea de semiosfera de Yuri Lotman (1996): un espacio cultural donde todos los signos interactúan en mutua influencia, generando un ecosistema dinámico del sentido.
Escritura y conocimiento
La novela se erige, así, como una reflexión sobre la escritura misma. Más que un instrumento de representación, la escritura en A veces fractales es un modo de conocer: un procedimiento que permite explorar las conexiones invisibles entre el yo y los otros, entre lo vivido y lo imaginado. En este sentido, Charneco se sitúa en la tradición de una literatura que busca ser también epistemología narrativa, un puente entre la sensibilidad estética y el pensamiento crítico.
Conclusión

En suma, A veces fractales constituye un texto de notable densidad conceptual y literaria, que se distingue por su capacidad de articular la introspección existencial con la teoría sistémica. Al trasladar la lógica de los fractales al terreno narrativo, Víctor Charneco no solo propone un experimento formal, sino que nos ofrece una ética de la interdependencia y una ontología de lo cotidiano. Su obra nos recuerda que cada vida, por minúscula que parezca, es indispensable en la configuración del conjunto, y que la literatura, cuando se atreve a pensar, se convierte en un mapa de las complejidades que definen lo humano. Os lo recomiendo.
📚 Referencias
- Barthes, R. (1973). Le plaisir du texte. Paris: Seuil.
- Bertalanffy, L. von (1968). General System Theory: Foundations, Development, Applications. New York: George Braziller.
- Goffman, E. (1959). The Presentation of Self in Everyday Life. New York: Anchor Books.
- Lotman, Y. (1996). La semiosfera I. Madrid: Cátedra.
- Morin, E. (1990). Introducción al pensamiento complejo. Barcelona: Gedisa.

